viernes, 12 de febrero de 2016

Equipo de música




Le pregunté cómo estaba, si le dolía algún botón mal implantado,
qué pensaba acerca de la similitud entre el pasillo y el dial,
si es que tenía algo en contra de mí, porque cada vez
que me he acercado a él, me ha espantado con la voz de Dylan.
A través de un quejido desgarrado, profundo, que sonaba como
una sílaba de flamenco sentada al piano o como lo que queda
de la esperanza cuando ha sido defenestrada, me dijo
que estaría mejor si yo dejara de roer sus cables un segundo.
Toqué en alguna parte y fui informada exhaustivamente de las noticias
de la actualidad que, en un principio, creí que se referían a la Edad Media,
y también del parte meteorológico y del mundo, que es deportivo.
Era la hora de las palabras y las tuve, y si algo he aprendido del volumen
no ha debido ser importante en tanto que ya no lo recuerdo.

De Esta dichosa ansiedad doméstica

sábado, 6 de febrero de 2016

Urbanismo



Él no puede tirar nada a la acera,
ni una colilla, ni un envoltorio.
No puede escupir en la calle,
estornudar, toser.
Le cuesta hablar por el temor
de que alguna palabra se le caiga,
rompa los adoquines, cave un túnel
y reaparezca justo en el lugar del mundo
donde no tenga ningún sentido.
Todas las noches llega a su casa desconsolado
porque no es capaz de recoger su sombra del suelo.
Pero entonces recuerda que acostándose
la recoge.

miércoles, 27 de enero de 2016

Madre es elegía


Madre nace en muerte. Madre grita a la guerra. Madre limpia las medallas de Abuelo. Madre barre la cabeza ida de Abuela. Madre la pone en su sitio y la cose con rejas para que no se le vaya más. Madre canta. Madre sonríe a Padre. Padre abandona el escenario y se vuelve ejecutivo. Madre y Padre se quisieron en esa cama. De alguna vez que se quisieron Madre y Padre en esa cama nacimos Muelles. Madre no entendía por qué botábamos de sus brazos al techo, al techo, al techo... y de tanto despegarnos de él, sus brazos se convirtieron en mapas de escayola. Madre da vida en muerte. Madre grita en las escaleras. Madre cocina con las manos sucias. Madre es silenciosa como Sombra. Madre finge. Madre miente. Madre odia. Madre esposa Muelles. Madre dice que somos manchas. Madre usa lejía. Madre es elegía. Muelles, botando y botando, atravesamos el techo. Padre viene detrás. Muelles en el cielo. Bahía en movimiento.Madre sola. Madre Orgullo. Madre llora. Madre lame el teléfono. Madre cambia cerraduras. Madre desnuda santos. Madre observada por Sombra. Madre teme a Sombra. Sombra canta nanas al olor de la sangre. Madre sabe. Madre espera. Madre vomita ginebra y fuego. Madre está cada vez más y más gorda. Madre no bota. Madre acaba. Sombra empieza.


(sacado del cajón de los recuerdos)
 

domingo, 17 de enero de 2016

CV



Cerrar una ventana es postergar un incendio dormido
que no se despertará abriéndola de nuevo y con ímpetu
ni alquilando la ventana de al lado a una radial alcalina.
No se ven las llamas pero se percibe el calor
más allá de la madera y del cristal, 
y se acercan no los pájaros: los insectos
de los que nadie recordará sus facciones de alfiler derritiéndose, 
propagando un aroma elástico a grill polvoriento.
La cortina blanca se vuelve del color del edificio de enfrente,
que es donde se rumorea que el sol esconde 
sus manos de margarita monstruosa.
En estas circunstancias hay que quitarse toda la ropa
y agujerearse la piel para introducir primero los hielos
y después los icebergs.
Es ahí cuando el incendio se despierta de mal humor
con tanta sed que se dispone a quemar el agua,
siendo las cenizas los únicos entes animales que flotan
porque su corazón es de fuego.
No se trata de ignorarlo,
para que de verdad termine
hay que zambullirse en él.