miércoles, 15 de abril de 2015

Hay menú económico

La Fragua de Metáforas acaba de editar mi último libro, "Hay menú económico", un precioso librito maravillosamente ilustrado por Concetta Probanza, y sumamente mimado por La Fragua de Metáforas a través de una cuidadísima edición artesanal. Aquí dejo, como aperitivo, la portada y uno de los poemas-platos.

http://www.lafraguademetaforas.com/

Construir un tomate (antes de hacerlo picadillo)

Yo quería construir un tomate
y cada vez que abría la mano, dibujaba un despiste,
y en cada despiste se me metía un raíl y una uña.
A mi espalda susurraban los poemas,
que, al darme la vuelta, ya no estaban.
El horizonte se veía grande porque no era mío
y mi sombra pequeña por exactamente lo contrario;
nada de esto me impedía seguir pellizcándome,
abrazando punzones para estimularme la sangre,
contestando en ruso encuestas sobre el sarampión.
Como haciendo calor, tenía frío además de hipo,
me acurruqué hasta que pude rodar hacia arriba.
Aunque parecía sólida, por dentro no era sino rubor y agua,
algo que no sabíamos más que el océano y yo, y que ya no oculto.
Descubrí dónde estaba la sal y el aceite: ni cerca ni lejos,
sino en medio, y entonces fui a buscarme y yo ya no estaba.
De verdad que quería construir un tomate,
sacarlo a pasear, entablar con él conversaciones no mamíferas,
distraerme, cuidarlo mucho con los dientes…
pero cada vez que abría una mano, se me caía la otra,
y cuando iba a recogerla, me crecía un tren bajo cada pie.
Y yo, tan despistada y sin maletas, me iba, yo me iba…

sábado, 4 de abril de 2015

El lenguaje de los pájaros




El lenguaje de los pájaros me es familiar.
Comprendo el mensaje sin descifrar muchas
de las claves que lo componen.
Lo veo flotar en el aire, y no en la rama.
Pero si me dispongo a hablarlo
–porque quiero hacerlo / porque necesito hacerlo–
no se me entiende en ningún idioma.

viernes, 27 de marzo de 2015

Restauración





Seguro que era finales de enero
aunque fueran cuarenta los grados centígrados
y densa la población de moscas.
Pero seguro que era finales de enero:
los hombres se acercaron a las ruinas,
se dieron la vuelta para no ser reconocidos
y se las bebieron.
A finales de enero no son habituales
las denuncias
ni las disculpas.
Todavía hay pintores rellenando ese vacío.
Pero cuando descansan un momento,
todo se les borra.